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Lluvia que me perlas con un sinfín de nostalgias

Lluvia que me perlas con un sinfín de nostalgias

Tu sonido apacible
Varía bajo la penumbra de la noche,
Tu crepuscular hermosura
Se torna inefable arrullo
Que golpea a la roca

Gotas que perlan el cristal de mi ventana
Traen un sinfín de nostalgias
Y en su umbral despiertan
Un holocausto de invierno
Un feliz encuentro al amanecer

Aurora grita de ver tanta dulzura
Entre el murmullo del turpial
Que con su canto melodioso
Vuela entre ramas y ramas
Dejando su huella
Para luego despegar.

Ysabel Carrión
isabelcarrion07@yahoo.es

Pensamientos pasan y pasan
En el oscuro silencio de la noche,
Acostado bajo ese puente
Cubierto con sabanas de cartones

Hambre, terror y frío
Son muchas las
Dificultades presentes
Y el sueño a veces me vence

Sufrimientos, dolores
Son sin duda mis lamentos,
Lágrimas desandan mis mejillas,
Al saberme en tal tormento

El pasar de los años
Me ha envejecido tanto,
Rodeado de penumbras y fracasos

Recuerdo entonces
Que un gran Dios existe
–Dulce Padre Eterno-
Y cuando en Él pienso
Mis angustias desaparecen.

Ysabel Carrion
isabelcarrion07@yahoo.es

Puentes que hablan y nos llevan por la senda de la Luz

Puentes que hablan y nos llevan por la senda de la Luz

Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

Ysabel Carrión
isabelcarrion07@yahoo.es

Al caminar por nuestros jardines, el afable visitante hallará en el jardín occidental de PDVSA- La Estancia, una frondosa y aromática hilera de cafetos, que impregna nuestros vastos espacios con gratos efluvios.

Sembrado por misiones españolas, llegó a Venezuela el primer cafeto en el año 1730, traído desde Brasil; su cultivo se difundió en la gobernación de Caracas cerca del año 1740, especialmente en la población de Chacao.

En tan bucólico terruño, se multiplicaron las primeras plantaciones cafetaleras del país: las haciendas Blandín, San Felipe Neri, y La Floresta. Se dice que en esta última, regentaba por el presbítero Sojo, tío de El Libertador Simón Bolívar, fue servida e ingerida la primera taza de café en Venezuela. Sus amplios predios, Monumento Histórico Nacional, sirven hoy de sede a PDVSA- Centro de Arte La Estancia.

Hasta principios del siglo XX, el café y el cacao fueron los principales bienes de exportación de nuestro país, los equivalentes vegetales de la actual riqueza petrolera; a esos tres productos, gloriosos sinónimos de venezolanidad en todo el planeta, los une una similar característica: su oscura coloración –matiz que en el simbolismo tradicional significa “la suma de todas las posibilidades y potencialidades” (si alzamos los ojos al Universo, veremos que el color que más cunde en él es el negro).

A partir de la almendra del cafeto, se obtiene una tonificante infusión; los granos tostados y molidos diluyen su sápida sustancia en agua o leche caliente: así se obtiene la bebida más popular del planeta; se le considera vigorizante, estimulante; aunque su ingesta excesiva acentúa males como la hipertensión o la taquicardia, se le han reconocido propiedades terapéuticas para prevenir la diabetes (consumido sin azúcar, por supuesto), el cáncer de colón, el dolor de cabeza, el Mal de Parkinson y la infertilidad masculina.

En otros países, parcos clientes se limitan a pedir “un café” en su establecimiento preferido; en la patria de Bolívar, hacemos gala de variopintas nomenclaturas: “guayoyo”, “negro claro” “negro oscuro”, “tetero”, “café con leche”, “leche con café”, “marrón corto”, “marrón largo”, “marrón claro”, “marrón oscuro” son categorías que definen diversas mezclas y gradaciones para satisfacer a los catadores más disímiles.

Nunca dejes de tomar un agradable café antes de  empezar  tus labores

Nunca dejes de tomar un agradable café antes de empezar tus labores